miércoles, 20 de febrero de 2019

CREENCIAS Y MITOLOGÍA DE LOS INDIGENAS

El mito es el origen. Nace de la experiencia humana de lo sagrado en la tierra. En él se narra la creación del universo, el surgimiento de los dioses, la aparición de todos los seres que habitan la existencia. Al tratarse de un momento primario, al que no se puede acceder propiamente, se funda en ello un espacio y un tiempo míticos. Es decir, un espacio y tiempo que adquieren una dimensión sagrada, en la que los seres mortales y divinos viven en un eterno devenir. El mito, a su vez, es memoria. Y puesto que es memoria, cumple una función social. Mediante la transmisión oral de la memoria mítica común, se justifica la organización de las sociedades, los rituales religiosos, las guerras, e incluso los alimentos, su cultivo y el modo de prepararlos. Por lo tanto, la tradición que sostiene la unidad cultural de un pueblo se nutre en la memoria del origen. Cuando la transmisión oral de esta memoria sigue su curso –se desarrolla y tiene diferentes desembocaduras– se está ante la mitología.
Los taínos, mucho antes de la llegada de los españoles, ya poseían sus mitos, su mitología y su religión. Eran el behique (líder religioso) y el cacique (líder político-religioso), los encargados de dirigir las ceremonias y de transmitir la tradición.
Yaya –de quien se ha sugerido, que vendría a ser Yocahu Bagua Maórocoti– era el principio elemental de la existencia; espíritu dador de la vida. Este expulsó a su hijo Yayael, quien tenía la intención de asesinarlo. Al permitir su regreso, lo mata y coloca sus huesos en una calabaza. Estos se transformarían en peces. Un día, ante la ausencia de Yaya, los cuatro gemelos, hijos Itiba Cahubaba (la gran madre, muerta en parto), liderados por Deminán Caracaracol, toman la calabaza y comen de los peces. La calabaza cae, el agua se derrama, el mar nace sobre la tierra. En otro momento, Deminán Caracaracol y sus hermanos roban el fuego, el ritual de la cohoba y el casabe a Bayamanaco, señor del fuego. Bayamanaco dispara en la espalda de Deminán. La herida crece. Sus hermanos la abren y de ella sale una tortuga.
El primer mito explica la manera en la que, gracias al sacrificio de Yayael, como al atrevimiento de Deminán, aparece el mar. Justifica así la existencia de los peces y el acto de acudir a ellos como sustento. A su vez, el robo a Bayamanaco fundamenta el casabe como alimento básico en su dieta; el uso del fuego que da calor y luz, y que permite la cocción; y la cohoba, planta que propicia uno de los rituales religiosos más importantes.
A la isla de Haití (luego llamada Española), los taínos la concebían como un gran cuerpo de mujer. Era, pues, un espacio sagrado generador de vida. Del lado este, se encontraba la cueva-serpiente divina: Iguanaboína, por donde salía el sol. Junto a ella, estaban Boínayel y Márohu. Los tres eran considerados las deidades del buen tiempo y de la lluvia fecundadora. Su contraparte eran otras tres divinidades, las del mal tiempo y los huracanes: Guabancex, Guatauba y Coatrisquie. El centro del universo era la montaña Cauta. En ella había dos cuevas. De la cueva Cacibajagua, saldrían los primeros humanos y tendría inicio la sociedad. La tercera cueva, al oeste, se llamaba Coaybay. Allí regía Maquetarie Guayaba, señor de los muertos.
Fueron tres los intentos de salir de la cueva. En el primero, el sol convirtió a Mácocael, guardián de Cacibajagua, en piedra. En el segundo, a la salida del sol, unos pescadores fueron convertidos en árboles. En el tercero, Yahubaba, quien buscaba digo (planta mágico-medicinal), fue transformado en pájaro. Finalmente, Guahayona y Anacacuya lograron salir de la cueva. En el mar, Guahayona lanzó de la canoa a Anacacuya, regresó a la cueva y se llevó a las mujeres, a las que dejaría en una isla. Guahayona hizo un viaje hacia un lugar llamado Guanín. Los niños, que habían quedado sin sus madres, de tanto llorar se transformaron en ranas (tona). Los hombres, por su parte, vieron cómo de los árboles aparecían unos seres andróginos de madera. El pájaro carpintero, Inriri, talla en sus cuerpos el cuerpo de la mujer.
En un sentido primario, la palabra religión significa unirse, reunirse; darse al uno; regresar al principio. A este principio no puede llegarse plenamente, sino por aproximaciones. Estas aproximaciones son los rituales religiosos, en los que se acude a la memoria y a la tradición.
En la religión taína existía el concepto de cemí. Esta palabra aludía tanto a las deidades como a las figuras de madera o piedra con las que se les representaba. El batey, o plaza ceremonial, enmarcaba su espacio con piedras en las que podía haber dibujos de cemíes. Aquí se llevaba a cabo el areito, celebración en la que se cantaba y bailaba. Durante esta ceremonia, se narraba la historia mítica del pueblo a todos los miembros del yucayeque. También, en el mismo espacio, ocurría el juego de la pelota.
Una ceremonia religiosa de gran trascendencia,lo era el ritual de la cohoba. Los principales hombres del yucayeque (nitaínos), junto al cacique y al behique, se reunían en el caney, espacio que fungía como templo y casa del cacique. Allí, el cacique o el behique, inhalaba el polvo de la semilla de la cohoba, mezclado con caracoles molidos para, extasiado y en trance, entablar comunicación con los cemíes. Con este acto se buscaban respuestas sobre el presente, lo venidero, o la causa de las enfermedades y cómo curarlas.
Con la llegada de los españoles, la sociedad taína fue desapareciendo violentamente. No obstante, así como ellos recreaban sus mitos mediante las ceremonias religiosas, quienes en la actualidad los leen con atención pueden recuperar su antigua memoria. Pues, cada vez que un mito es contado, el universo vuelve a nacer y el origen se devela. Así es como permanecen el sonido ancestral del areito, la aspiración sagrada del behique y el misterioso poder de los cemíes.

viernes, 1 de febrero de 2019

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

LA REVOLUCIÓN MEXICANA, RESISTENCIA Y AGITACIÓN SOCIAL




LA REVOLUCIÓN MEXICANA, RESISTENCIA Y AGITACIÓN SOCIAL



 El primer gran movimiento político de masas del siglo XX, la Revolución Mexicana, encabezó la historia de América Latina. En 1910, Francisco Ignacio Madero se sublevó contra la dictadura de Porfirio Díaz, bajo cuyo gobierno el tejido social mexicano se había modificado gracias a una incipiente industrialización. Su levantamiento fue seguido en diferentes estados por las masas campesinas -comandadas por Pascual Orozco, Pancho Villa y Emiliano Zapata-, que reclamaban un nuevo reparto de la tierra, dominada por grandes latifundistas partidarios del porfirismo.

La revolución Mexicana surgió en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales.

Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre la naciente clase media, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.

Los campesinos. Cuyas tierras habían sido arrebatadas por los grandes terratenientes, eran duramente reprimidos cuando se rebelaban. Entre 1910 y 1920, México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas protagonizadas por distintos jefes políticos y militares que fueron sucediéndose en el gobierno de la nación.

REVOLUCIÓN DE FRANCISCO MADERO 1910 – 1911

Porfirio Díaz fue reelegido para un séptimo mandato y Madero intentó negociar con él para obtener la vicepresidencia.

Díaz hizo detener a su oponente y se declaró vencedor en las fraudulentas elecciones de junio, pero Madero logró escapar de prisión y publicó en la localidad texana de San Antonio su célebre Plan de San Luis de Potosí, en el que denunciaba el fraude electoral e incitaba a la población a que se uniera a una sublevación.

En Chihuahua, al norte, Pascual Orozco y Doroteo Arango (Pancho Villa), con unas tropas improvisadas, empezaron a asaltar las guarniciones gubernamentales; mientras que en el sur, en Morelos, Emiliano Zapata llevó a cabo una sangrienta campaña contra los caciques locales.

Poco a poco se fue hundiendo el régimen de Díaz, cuyo ejército, dirigido por envejecidos militares, no supo hacer frente a las guerrillas revolucionarias. En la primavera de 1911, tras la caída de Ciudad Juárez, se vio obligado a renunciar y entregar el poder a Madero.

Después de un breve gobierno provisional, Madero fue electo presidente en octubre del 1911. Inicialmente su régimen fue acogido con entusiasmo por el pueblo, pero pronto se vio enfrentado al descontento de los campesinos, que reclamaban una reforma agraria; y al de los hacendados, que deseaban sofocar el radicalismo de los seguidores de Zapata.

En noviembre de 1911, Zapata se rebeló contra Madero en Morelos a causa del retraso en la restitución de las tierras a las comunidades indígenas contemplado en el Plan San Luis, planteando una nueva propuesta conocida como el Plan de Ayala “la tierra para quien la trabaja”. Así mismo, Orozco optó en Chihuahua por la lucha armada ante la resistencia a poner en marcha la reforma agraria y nacionalizar el ferrocarril.

Por otro lado, los sectores fieles al derrocado régimen porfirista, y los Estados Unidos, que veían peligrar sus intereses comerciales y petrolíferos, también contribuyeron a desestabilizar el gobierno maderista.


REVOLUCIÓN CONSTITUCIONALISTA 1913 – 1914

Las primeras medidas tomadas por Huerta contrarias a la libertad de prensa y al proceso revolucionario contaron con el apoyo de los sectores más conservadores. La oposición se reorganizó y pronto estalló una nueva insurrección en diferentes puntos.

En el norte, en los Estados de Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Tamaulipas, se sublevaron Venustiano Carranza y Pancho Villa; en el sur, en Morelos, Zapata volvía a erigirse en líder de la revuelta. La alianza entre ambas facciones, tras el acuerdo sostenido mediante el Plan de Guadalupe, y el apoyo del presidente norteamericano W. Wilson a la causa revolucionaria, con el envío de tropas a Veracruz, obligaron a Huerta a exiliarse en julio de 1914.

Pronto surgieron diferencias entre los revolucionarios, divididos en tres grupos; Los Villistas, que ofrecían un programa político y social poco definido; Los Zapatistas, que mantenían los principios del Plan de Ayala; y Los Carrancistas, vinculados a la burguesía. En la Convención de Aguascalientes (noviembre de 1914), se nombró a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional. Carranza se trasladó a Veracruz, Gutiérrez llevó el gobierno a San Luis Potosí y la ciudad de México quedó en poder de Villa y Zapata.

EL TRIUNFO DE CARRANZA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1917

Con los decretos de finales de 1914 y la Ley Agraria de enero de 1915, Carranza ganó para su causa a amplios sectores de la población. En 1915, Venustiano Carranza fue reelegido Presidente y se dedicó a reorganizar el país, mientras las tropas de Obregón combatían los focos de rebelión encabezados por Pancho Villa y Emiliano Zapata.

En 1917 impulsó la promulgación de la llamada Constitución de Querétaro,que confería amplios poderes al Presidente, daba al gobierno derechos para confiscar las tierras de los latifundistas, introducía medidas laborales referidas a salarios y duración de jornada, siendo esta constitución el principal aporte cultural de la revolución por ser la primera que incluye derechos sociales.


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